lunes, 25 de febrero de 2008

La estupidez humana (1º parte) La Muerte

Claro, morir no es un asunto muy alegre que digamos, inspira dolor y respeto. ¿Pero ese mismo respeto se puede perder fácilmente al saber que hay gente que muere de una forma, por decirlo elegantemente, estupida. Por ejemplo, morirse por haberle disparado de una tortuga y que luego la bala se haya devuelto a tu cuerpo no es precisamente algo normal… y ya ha ocurrido. Aquí hay ejemplos de cómo usted no debe morir:
En 1987, una mujer en Corea se ahorcó porque se sentía humillada. Pero por qué?, porque a la mujer en cuestión se le olvidó adelantar el reloj cuando el país cambió al horario de verano, y su marido tuvo que ir al picnic de la empresa sin su almuerzo.
En Moscú un guardia de seguridad que andaba borrachín le pidió a un compañero que le clavara un cuchillo en su chaleco antibalas para ver si también lo protegía de una posible puñalada. Lamentablemente, no fue así...
Un cabro chico de 15 años murió porque el muy hueoncito estaba obsesionado con oler bien y se echaba desodorante a cada rato. En la autopsia se pudo confirma que el niño había sufrido un ataque al corazón porque tenía en la sangre propano y butano en una dosis 10 veces superior a la mortal por los humanos.
La idea de morir de un cáncer al estomago tenía tan preocupada a una mujer en Florida con un coeficiente intelectual de 189 que bebía 15 litros de agua diarios. Murió a los 29 años de insuficiencia renal.
En 1983, una mujer de San Diego, a la que la policía había arrestado por robar en una tienda, juró que contendría el aliento hasta ponerse morada si no la ponían en libertad. No la soltaron, y la mujer cumplió su promesa… hasta la muerte.
En la Austria del siglo XVI, Hans Steininger estaba orgulloso de ser el hombre con la barba mas larga del mundo. Un día, al subir las escaleras, tropezó con su barba, se sacó la cresta y murió.
En 1998, un francés trató de suicidarse de un modo algo complicado. Se puso al borde de un acantilado, se ató una soga al cuello y la amarró a una gran piedra. Después ingirió veneno, se prendió fuego y más encima se disparó un tiro en la cabeza mientras se tiraba desde el acantilado.Pero la bala no dio en el blanco, sino que cortó la soga, y el hombre cayó al mar vivo. Además, el agua fría apagó su ropa en llamas y para colmo el tipo vomitó el veneno.Un pescador lo sacó del agua y lo llevaron al hospital, donde finalmente consiguió su meta: murió de hipotermia.
Los compañeros de trabajo de un hombre de Stafford, Inglaterra, querían hacer algo especial para celebrar el cumpleaños 50 de su amigo, así que le organizaron una fiestoca e incluso contrataron a una bailarina ricarda para que saliera, en pelota, de una torta. Pero la sorpresa fue excesiva para el festejado y murió de un ataque al corazón: la “dulce” mujercita era su propia hija.
El piloto Lincoln Beachey llegó a la conclusión de que sus acrobacias aéreas se estaban volviendo demasiado peligrosas. De modo que, antes de hacer alguna de sus arriesgadas acrobacias, un buen día se amarró al avión con una correa para no caer y matarse.Estaba efectuando un descenso cuando de repente el avión perdió un ala y se estrello en la bahía de San Francisco. Beachey se ahogo porque no pudo zafarse de la correa.
Adelante estudios...